sábado, 20 de octubre de 2018

La Economía Naranja… ¡oportunidad para las regiones!


Por Rubén Darío Rodríguez López

La economía Naranja, definida así por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), por la relación que guarda el color naranja con la cultura y la identidad, así como por su asociación con rituales y eventos culturales, artísticos y religiosos, le aporta a la economía colombiana entre el 3,3 y 3,5% del PIB cada año y genera alrededor de 800 mil empleos directos e indirectos, en su mayoría población joven. Además nuestro país genera exportaciones por este concepto por un valor aproximado de 600 millones de dólares al año.

Nuestras regiones y específicamente las de García Rovira en Santander y Norte y Gutiérrez en Boyacá, presentan un potencial inigualable respecto a otras del país para potencializar su desarrollo a través de iniciativas que se incluyen dentro de la economía Naranja.

El piedemonte del Cañón del Chicamocha, la sierra nevada del Cocuy, los páramos de Pisba y Almorzadero, son los principales referentes que nos permiten generar mayor identidad y bajo sus espectaculares montañas se puede promover un número incalculable de emprendimientos. Eso solamente para referirme a los paisajes que nos identifican como regiones y que esconden un mundo maravilloso por descubrir, lleno de climas extremos en pocos kilómetros de distancia, una fauna llena de aves exóticas, cóndores, osos, venados para su avistamiento y caminos de herradura, que enmarcan la hermosa historia colombiana, ya que a través de ellos se libró la lucha libertadora de Simón Bolívar.  Caminos que contienen la historia de la Guerra de los Mil Días, de la travesía de los ejércitos desde Venezuela hasta Quito en la época de la Gran Colombia, y que finalmente terminaron convertidos en la ruta principal para trazar la Troncal del Norte, que une a Colombia con Venezuela y Ecuador. ¿Sabían que la NASA escogió a Macaravita como el mejor sitio de Colombia para hacer un observatorio astronómico?

Ahora, si hablamos de aspectos culturales, cito algunos pequeños ejemplos (hay muchos más) que pueden cambiar la economía de la región, una vez se estructuren y diseñen emprendimientos que permitan potencializar modelos de negocios particulares que rescaten y especialicen la investigación cultural y su uso para su comercialización. García Rovira debe potencializar un festival folclórico (Molagavita y Málaga: Luis María Carvajal, San José de Miranda: Luis francisco Adarme, Eloy Correa), que tenga talla Nacional e internacional; que pueda superar al del "Mono Núñez". En las provincias de Norte y Gutiérrez se debe buscar la maximización de la atracción del Aguinaldo Boyacense, con esos municipios pesebres que hay en un radio de acción de 5 Kms, como El Espino, Guacamayas, El Cocuy y Güicán. Otra actividad cultural que merece destacarse como patrimonio, son los reconocidos "MATACHINES" que alegran las tardes navideñas en todos los municipios de estas provincias; y por qué no buscar que sean reconocidos como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, como en su momento lo hicieron con los Carnavales de Barranquilla, Blancos y Negros; las procesiones de Semana Santa en Popayán, Pamplona, etc.

El municipio de Guacamayas nos lleva años luz con sus artesanías de paja y fique, pero que nos permiten soñar que también se podrían potencializar las artesanías en lana de oveja, como lo está haciendo el grupo de mujeres de Cerrito y Concepción, pero que necesitan dar un salto a la internacionalización de sus negocios.

Gastronómicamente hablando, las provincias en mención cuentan con infinidad de platos autóctonos que deben ser inventariados e investigados para convertirlos en productos al estilo del "mute santandereano", "la bandeja paisa", etc. Tenemos en Málaga las panuchas malagueñas, las génovas y chorizos, el queso de hoja; Capitanejo y Tipacoque su plato típico de cabro sudado, la morcilla Mirandina, Concepción su plato de ovejo al horno, sus colaciones exquisitas (panderos, galletas); Cerrito las cucas y plumeros; San Miguel, la chirimoya y la miel de trapiche; San Andrés sus empanadas de trigo y Guaca sus hayacas de maíz; en Soatá el dulce de dátil, los amasijos de El Cocuy; la arepa boyacense en La Uvita; en fin, no tendría espacio para comentar una a una todas esas riquezas gastronómicas que identifican a García Rovira, Norte y Gutiérrez, y que cada una de ellas se puede convertir en un modelo de negocio exportador. Las cabras, los cultivos del tabaco y frijol y maíz, indiscutiblemente han sido y seguirán siendo sistemas productivos tradicionales, que han marcado la cultura de éstas regiones durante toda su historia y que ameritan la proyección de sendos parques temáticos que caben perfectamente dentro de los conceptos de la economía naranja. 

El turismo religioso, también incluido como un eje transversal del desarrollo económico y social de las regiones, no deja de ser una expectativa para estas provincias; algunos ejemplos de monumentos y tradiciones religiosas que merecen ser rescatadas y resaltadas como las imponentes ruinas de Servitá, en el municipio de Cerrito; el Santuario de la Virgen de los Remedios, la estructura del primer seminario regional de la provincia, en el instituto Isidoro Miranda Morantes, el centro poblado de Tequia, todo esto en San José de Miranda; el Santuario de la Virgen del Carmen en Covarachía; La catedral de Málaga y el templo del Asilo San Antonio, con su hermosa arquitectura, y en cada municipio hay un patrono al que su población rinde credo, como la Inmaculada Concepción, San Bartolomé, San Pedro, Jesús Nazareno, La Candelaria, Nuestra Señora de Chiquinquirá, etc.

Por último, es necesario impulsar el turismo por intermedio de los grandes personajes que ha dado la provincia y establecer rutas en cada municipio para conocer su infancia, su educación, su historia, sus familias, sus viviendas, en fin, sus orígenes. A manera de ejemplo, la casa de infancia y colegios donde estudiaron o se criaron Jaime García (matemático mundialmente reconocido), Edbertho Leal (físico que trabaja con la NASA, oriundo de Macaravita), Mario Hernández (reconocido diseñador capitanejano), Solón Wilches, etc. Muchos personajes importantes ha aportado nuestra región a Colombia y el mundo, pero no los hacemos visibles desde nuestros propios municipios. Tal vez se me quedaron muchas cosas que pueden convertirse en alternativas para desarrollar modelos de negocios, para lo cual ofrezco disculpas al no enunciarlos.

Sin embargo, es necesario que los municipios estructuren planes culturales y turísticos serios y a largo plazo, que permitan organizar emprendimientos, el desarrollo urbanístico y la promoción de su patrimonio histórico, cultural, religioso e intelectual.