viernes, 26 de enero de 2018

“Elecciones Congreso 2018: para el verdadero cambio, los jóvenes, las mujeres y abstencionistas tienen la palabra”

Por Rubén Darío Rodríguez López

Para escribir esta columna, tomo como referencia sendos documentos que ha publicado la Misión de Observación Electoral (MOE) en Colombia, que es una plataforma de organizaciones de la sociedad civil, independiente del gobierno, de los partidos políticos y de intereses privados, que promueve la realización del derecho que tiene todo ciudadano a participar en la conformación, ejercicio y control del poder político y es patrocinada principalmente por Naciones Unidas, a través de USAID.

Para las elecciones de 2014, el potencial electoral era de 32.5 millones de ciudadanos aptos para votar, mientras que para el año 2018, según la Registraduría Nacional del Estado Civil, este número asciende a 36 millones de Colombianos, es decir, 3.5 millones más de personas que pueden ejercer su derecho al voto popular. Sin embargo, el comportamiento de las votaciones demuestra que en Colombia solamente el 44,8% de estos electores escogemos a nuestros gobernantes, es decir, solamente votamos en elecciones para congreso el año 2014 un total 14.5 millones de ciudadanos. 

De acuerdo a la MOE, el comportamiento de los electores, según su sexo, el 52,5% de electores son hombres y el 47,5% son mujeres; mientras el comportamiento de electores según sus ingresos, el 67% de personas que salen a votar devengan entre medio y un salario mínimo y seguidos del 23% de personas que devengan entre 1 y 1,5 salarios mínimos mensuales, es decir la clase media baja es quien ejerce su derecho al voto y solamente un 8% de personas que ganan más de 4 SMLM, ejercen su derecho al voto.

El mismo estudio refleja que el comportamiento de los electores según su rango de edad, el 63,4% de electores corresponden a los rangos entre 25, 35, 45 y 54 años de edad, mientras que solamente el 14,7% corresponde a menores de 25 años, es decir, solamente votaron 2 millones 130 mil jóvenes. Según el DANE, en Colombia para el año 2015, hay una población aproximada de 5´220.000 jóvenes entre 18 y 24 años, lo que confirma los datos iniciales, que un poco más del 60% de los jóvenes no salen a votar.

Pero el dato más preocupante es el grado de escolaridad de la población que está eligiendo a nuestros gobernantes, el 63,4% de electores solamente han estudiado primaria y secundaria, el 17,2% son tecnólogos o técnicos y el 16,1% son profesionales.

Y por último, según la MOE, la renovación de congreso en las pasadas elecciones de 2.014, con respecto a los congresistas que entraron como nuevos y que no tenían nada que ver con Senadores o Representantes ya elegidos, solamente fue de un 12% (12 de 100) para Senado. Los demás fueron reelegidos, o se hicieron elegir en cuerpo ajeno (hijos, esposas, tíos, primos, suegros, cuñados, etc.).

Como están las cosas, me atrevo a pronosticar que para las elecciones de Congreso que se adelantarán en marzo, las cosas no van a cambiar y se reelegirá al menos un 95% de los actuales congresistas (directamente o en cuerpo ajeno), ya que este grupo de "empresarios electorales" conocen muy bien el comportamiento de éste 44% de ciudadanos que votamos. Por eso, desde ya se pronostica que la compra de votos, las estrategias de los "Kits electorales" (billete de 50.000, camiseta, cemento, teja y manguera) y los "TLC (Tamales, Lechona y Cerveza)", estarán a la orden del día. 

Sin embargo, la única esperanza sería que todas estas personas que representan el otro 56% de votantes, salieran el día de elecciones y manifestaran su indignación en las urnas y no en las redes sociales.

Los abstencionistas tienen la primera responsabilidad, generalmente son electores que se autodenominan "apolíticos o intelectuales", según ellos la política les parece algo ajeno y hasta desidia les da hablar de política. Pero hoy más que nunca, Colombia los necesita, y deben de dejar de ser "tibios" en las elecciones y tomar posición alguna con respecto a las elecciones de Congreso que se avecinan. De lo contrario, los ve uno escribiendo y despotricando del gobierno y de los gobernantes, pero su "irresponsabilidad"  los hace co-participes de tremenda equivocación.

Las Mujeres cada día participan más, pero una gran mayoría lo hace por necesidad, ya sea por cuidar un trabajo en entidad pública, un contratico o el de sus hijos, por lo que terminan siendo votos amarrados, hasta por sus hijos. Es hora que hagan respetar su derecho ciudadano y que miren en los candidatos quien las representa y les hace valer sus derechos y valores.

Y los jóvenes, cada día más apáticos a votar, los invito para que asuman la inmensa responsabilidad que tienen para generar el cambio que nuestro país necesita. No más corruptos, los jóvenes no venden su voto fácilmente, son los únicos que  mantienen su autonomía y rebeldía al momento de votar, por eso son los llamados a generar el verdadero cambio en la política colombiana. 

El camino no es fácil, pero  hay que empezarlo y hoy existen muchas más razones para que peguen el "grito" de la democracia y salgan a las urnas a votar conscientemente.  He visto con mucha alegría un grupo de jóvenes que andan en los buses urbanos, con afiches en mano, haciendo pedagogía electoral, explicándole a la gente cuales candidatos tienen antecedentes o que están siendo investigados por actos de corrupción, una actitud "proactiva" que necesita Colombia.

Si los jóvenes pusieran la primera piedra, y tienen como hacerlo, se podría construir un país diferente, un país con nuevos líderes, que sean referentes por su buen ejemplo y no por sus obscuras y corruptas actuaciones, por sus valores y no por sus malas prácticas, por su consciencia social y no por sus ambiciones personales, pero sobretodo, con buena formación académica, que les permita planear y soñar un país diferente.

Por eso, apreciado lector y electora, si en algo puedo contribuir con mis apreciaciones, espero que así sea, ruego para que una vez en su vida, vote a consciencia, hay candidatos que valen la pena, hay personas que pueden cambiar esto, pero solo depende de cada uno de nosotros.